El día de hoy, José Joaquín Brunner, del Centro de Políticas Comparadas de Educación de la Universidad Diego Portales (Chile), dio una cátedra en nuestra universidad sobre la educación superior en Iberoamérica, tendencias y desafíos. Según Brunner, los problemas comienzan desde el nacimiento, dado que el mejor indicador para predecir el desempeño educativo de un estudiante es el nivel socioeconómico de su seno familiar. Luego, la escuela hace muy poco por subsanar la brecha entre las clases sociales; de hecho, parece funcionar más como un mecanismo de preservación del status quo que como nivelador social.

La educación superior pública en Iberoamérica no tiene la capacidad de absorber siquiera a una tercera parte de los egresados de la educación preuniversitaria. Millones de jóvenes rechazados por este sistema educativo buscan opciones en la oferta de las instituciones privadas y, paradójicamente, tienen que pagar mucho más por sus estudios, cuando la mayoría de estos jóvenes pertenecen al sector social con menos recursos económicos.

La ampliación de la cobertura es una tendencia de la educación superior en Iberoamérica que conduce a generaciones de estudiantes con más diversidad en su formación previa y, particularmente, a la incorporación de estudiantes con grandes deficiencias en sus conocimientos, en sus habilidades para utilizarlos y en su actitud hacia el aprendizaje. Consecuentemente, estos estudiantes requieren de maneras de guiarlos por el largo camino desde su bajo nivel de formación hasta lo que se requiere para egresar de una universidad diferentes a las que requirieron los estudiantes de generaciones anteriores; pero ni los académicos universitarios iberoamericanos se caracterizan por su formación adecuada como educadores, ni las universidades iberoamericanas se caracterizan por contar con programas efectivos ni eficientes de formación docente. Esto lleva a que la ampliación de la cobertura sea ficticia, por el bajo incremento en el número de egresados, y conlleva el riesgo de sacrificar la calidad educativa a cambio de un mayor número de éstos.

 

Me parece que lo anterior afecta de manera particular a la educación en entornos virtuales porque es una modalidad que nuestras autoridades, nacionales y universitarias, perciben como un instrumento para incrementar significativamente la cobertura educativa sin necesidad de hacer grandes inversiones en infraestructura. En los últimos cinco años en el Sistema de Universidad Virtual de la Universidad de Guadalajara hemos sido testigos de la diversificación de la población estudiantil y nos urge tomar medidas para atenderla. Medidas de carácter remedial, para nivelar aquellos estudiantes que ingresan con formación académica deficiente; pero también medidas para sacar ventaja de la diversidad y conformar ambientes ricos en experiencias de aprendizaje para todos. De lo contrario, estaremos en riesgo de ceder a la tentación de bajar la vara del egreso.