La semana pasada recibí una invitación de parte de mi universidad para participar en el Segundo Seminario Preparatorio de la Segunda Cumbre Académica América Latina y el Caribe – Unión Europea. Resaltan en la documentación de referencia, como son la Declaración de Santiago, producto de la primera Cumbre Académica. y el Reporte del Primer Seminario Preparatorio,  las ideas de promover la colaboración entre la Unión Europea y los países de América Latina y el Caribe en los ámbitos de educación superior, ciencia, tecnología e innovación y, como instrumento para ello, poner en operación el Espacio Eurolatinoamerico de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación.

Uno se pone a pensar en los beneficios que todo esto debe tener para ellos, dado que la Unión Europea no es ninguna Hermana de la Caridad y dada la disparidad entre los supuestos colaboradores. Se me ocurre que entre ellos podrían estar (1) la apertura de América Latina como mercado para las instituciones educativas y de capacitación europeas, y (2) la provisión de jóvenes capacitados para satisfacer las necesidades de sus empresas y gobiernos. ¿Qué nos dan a cambio? Nos ofrecen ayudarnos a mejorar las condiciones en educación, ciencia, tecnología e innovación en América Latina, bajo el supuesto de que, al haber beneficio mutuo y considerable distancia en términos de capacidad económica entre las regiones, con todo y lo que mejoremos no llegaremos a ser competencia para ellos. Todo esto son elucubraciones mías porque nada de ello está escrito en la documentación provista.

Como mi rol en el Seminario Preparatorio es atender a la mesa de discusión sobre colaboración en ciencia y tecnología, puse especial atención al tema en la documentación de referencia y me llamó la atención que la Declaración de Santiago, al referirse a

4. IMPULSAR LA COLABORACION ENTRE LAS INSTITUCIONES DE EDUCACIÓN SUPERIOR Y SUS RELACIONES CON LA SOCIEDAD Y EL SECTOR PRODUCTIVO, a través de:

d) Iniciativas de colaboración para la enseñanza, la innovación y la internacionalización
basadas en las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.

Se queda corta en varios sentidos. Uno de ellos es el educativo, al hacer énfasis en la enseñanza por sobre el aprendizaje, cuando la gran tendencia global en la educación  de este siglo es hacia centrar la educación en el estudiante y su aprendizaje. Se habla de que lo importante es que el estudiante construya su aprendizaje y configure a su medida su entorno educativo y se desecha, al menos en la teoría, la educación como mera transferencia de conocimiento. Se queda corta también al no considerar a la investigación como una de las actividades susceptibles de ser transformadas por las TIC, cuando existen fenómenos recientes muy importantes que apuntan en sentido contrario, como es el caso de las iniciativas hacia el acceso abierto a los artículos científicos y a los datos que produzcan investigaciones financiadas con dinero público y el movimiento hacia la llamada e-science.

Otro elemento importante que no encuentro en los documentos de referencia es la interculturalidad. La movilidad, que se comenta bastante, tiene un propósito meramente académico y atiende solamente a una parte muy reducida de la población, a la que se da la oportunidad, casi circunstancialmente, de conocer otras culturas. En este rubro las TIC podrían participar ayudando a tender puentes entre las dos regiones, a abrir espacios para la interacción intercultural de jóvenes de ambas, para intercambiar información, conocimientos, experiencias y visiones del mundo, así como para cooperar y colaborar en proyectos, y construir juntos sus conocimientos, sin dejar de lado la obviedad de ofrecer oportunidades para el aprendizaje de un segundo o tercer idioma.

Así, observo en la Cumbre Académica una visión de lo académico acotada a la formación para la investigación, el desarrollo tecnológico y la innovación en las empresas, con la notable excepción de la intervención de la Dra. Patricia Morales, Profesora Visitante en la Universidad de Lovaina, Bélgica, sobre “El dialogo de América Latina y Europa a la luz del humanismo”, ocurrida en el primer Seminario Preparatorio, en la que resalta la función de la educación como formadora de seres humanos que viven en sociedad.