Imagen tomada de NPR.

Marco Antonio Chávez Aguayo
IGCAAV

Resumen. Un prejuicio es emitir una valoración previa a estar frente a un fenómeno, completamente irracional porque está basada en la ignorancia y no en la realidad. Un prejuicio puede provocar discriminación y llegar a convertirse en una política pública intervencionista e incluso anticonstitucional, porque es lesiva de derechos culturales consagrados. Está claro que cada gestor cultural puede tener sus propios gustos musicales, pero ¿hasta qué punto es válido que nuestros gustos personales influyan en nuestra manera de gestionar la cultura? ¿Si en realidad se tratara de prejuicios y esta gestión prejuiciada e irreflexiva pudiera llegar a convertirse en una política cultural? ¿Dónde queda la legitimación cultural? ¿Hasta qué punto nos ponemos a reflexionar sobre si nuestra actividad profesional como gestores culturales se ve afectada en la realidad por prejuicios? ¿Qué mecanismos tenemos para regularnos, o autorregularnos, para tener una práctica verdaderamente ética y justa?

Este año, varios diputados del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) del Congreso de Sinaloa (México) plantearon prohibir el reguetón en las escuelas por fomentar una “cultura decadente”. Por su parte, el reciente decreto 349/2018 de Cuba, que prohíbe el lenguaje “sexista, vulgar y obsceno” en las manifestaciones artísticas, fue visto por la comunidad artística y por la prensa como una censura directa al reguetón. Ciertamente, hubo una época en la cual abundaban en el reguetón discursos machistas, apologías de estupefacientes y prostitución, letras sin mucho contenido y música simple basada solo en su percusión. No obstante, a medida que el fenómeno se ha globalizado con la velocidad vertiginosa del consumo cultural de la actual era digital ─que tanto ha doblegado las dinámicas de la industria cultural de la música a nivel mundial en las últimas décadas─, el reguetón ha ido evolucionando tanto musical como discursivamente en el sentido opuesto. Al cabo de pocos años de su surgimiento, las canciones que todavía aluden a estos contenidos son actualmente apenas una pequeña proporción de la producción global. En un corto tiempo, el reguetón se ha convertido en un fenómeno glocal (global-local) que ha contribuido a dar visibilidad y revalorizar distintos elementos del patrimonio cultural latinoamericano, tanto locales como comunes de la región: idioma, ritmos, danzas, celebraciones, bebidas tradicionales, etc., al igual que valores como la solidaridad, colaboración, interculturalidad, diversidad y también la crítica social, política e histórica. Incluso, en sus orígenes, sus fundadores lo proyectaban como un fenómeno para el hermanamiento cultural a través de la música. Esto se promueve, en ocasiones, en la escala del consumo masivo global, aunque también en movimientos locales alternativos, como los de la comunidad LGBTI+.

En esta ponencia se pretende abordar transdisciplinariamente un fenómeno psicológico social (el prejuicio), que puede llegar a sesgar nuestro exigible desempeño neutral como gestores culturales ─lo cual genera discriminación e incluso lesiona derechos culturales reconocidos─, a partir de una pregunta ética generada a partir del reguetón, revisando sus aspectos musicológicos y análisis cualitativos de documentos, textos literarios, audiovisuales, entrevistas y relatos fenomenológicos, bajo la premisa de que uno de los mayores peligros de un prejuicio es precisamente su invisibilidad.

Seminario Permanente del IGCAAV
Viernes 13 de septiembre de 10:00 a 12:00, Sala de Juntas.
Avenida de la Paz 2453, Colonia Arcos Sur,
44130 Guadalajara, Jalisco.

También por videoconferencia.