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Martes en Talent Land 2018

Logotipo de Talent Land 2018

 

El martes de la semana pasada —justo a la mitad de mis vacaciones de primavera— tuve la oportunidad de asistir a Talent Land 2018 aquí en Guadalajara, el gran evento que reemplaza localmente a Campus Party, mismo que tendrá lugar este verano en la Ciudad de México. A primera vista, no hay mucha diferencia entre ambos: un amplio despliegue de tecnología digital complementando con conferencias, mayormente sobre tecnologías y emprendimiento, así como el planteamiento de retos para ser atendidos por equipos de jóvenes dispuestos a dedicarles las veinticuatro horas del día a lo largo del evento impulsados casi exclusivamente por pizzas.

Entre las tendencias tecnológicas que recibieron mayor atención durante Talent Land destacan la robótica (tanto en el ámbito laboral como educativo), la fabricación digital ad-hoc con impresión 3D y circuitos integrados, la inteligencia artificial, el desarrollo de aplicaciones para la nube y —no podía faltar— Blockchain (cadena de bloques encriptados), en claro reflejo del ámbito tecnológico global.

Una de las conferencias más nutridas fue la de María Teresa Arnal, Directora de Operaciones de Google en México, quien presentó la historia de la compañía y sus características principales, que la han posicionado como una de las empresas más importantes en el mundo, y cerró con los nueve principios de la innovación de Google, entre los que quiero destacar tres, que me parecen de particular relevancia para nuestro ámbito educativo-digital:

  1. La innovación surge de cualquier parte (no es trabajo de uno, sino responsabilidad y privilegio de todos).
  2. Pensar 10X no 10% (innovación disruptiva vs. aseguramiento de la calidad).
  3. Apuesta por la visión tecnológica (digital).

Principios que nos hablan de transformarnos en organizaciones horizontales en las que existan mecanismos para que todos los miembros puedan aportar sus ideas para la innovación, misma que no se limita al aseguramiento de calidad sino que busca de entrada ser disruptiva con base en el uso de las tecnologías digitales. Principios que, en el caso de las universidades, debiéramos complementar con una reflexión profunda sobre lo que significa la digitalización de lo humano.

Tendencias y cambios de comportamiento globales (2017)

Tendencias y cambios de comportamiento globales (2017). Fuente: Socialinks.

La conferencia de Arnal se complementó bien con la conferencia ofrecida por Eduardo Rosales Castellanos, de Socialinks, sobre tendencias y cambios de comportamiento globales, ya que las tendencias presentadas por este último incluyen

  • tecnologías disruptivas,
  • mercados flexibles y dinámicos, y
  • emprendimiento innovador y colaborativo,

las cuales justifican la necesidad de que una organización se mueva rápido, de manera innovadora y con visión de tecnología, en el comienzo de una era caracterizada por la digitalización.

Por qué Blockchain es una innovación disruptiva

Logotipo de Blockchain

En los últimos meses ha estado resonando un nuevo término tecnológico: blockchain (cadena de bloques). Me lo he encontrado en las noticias que me llegan por correo electrónico, en conferencias a las que he asistido e incluso en sesiones del seminario que organizamos al interior del Sistema de Universidad Virtual. Se dice que será la nueva tecnología digital que transformará nuestro entorno de manera disruptiva, como lo han hecho recientemente los teléfonos inteligentes (smartphones), Google, YouTube y Facebook, así como protocolos para compartir archivos como Bittorrent, Uber, Wikipedia y algunos otros desarrollos tecnológicos.

¿Por qué? ¿En qué consiste la innovación de blockchain sobre la tecnología que ya existe? Tal parece que el concepto central es la noción de almacenamiento de valor en contraste con el de almacenamiento de información.

En el mundo físico, las cosas que son de nuestra posesión (desde nuestra casa y nuestro auto, hasta nuestra ropa y calzado) suelen tener un valor económico asociado; esto es, otras personas estarían dispuestas a pagar una cierta cantidad de dinero o realizar un trabajo a cambio de ellas. Los billetes y monedas que poseemos, en particular, tienen un valor relativamente fijo, asegurado por el banco nacional, que está dispuesto a pagar por ellos la cantidad señalada. Esto es así, en particular, porque no se pueden producir algo de la nada ni compartir sin pérdida; no existe una varita mágica que te permita hacer aparecer, de la nada, un auto, y si decides compartir tu dinero con otras personas lo pierdes, al menos en parte, porque pasa a ser propiedad de ellas.

El entorno digital funciona de manera diferente. Si tienes una pieza de información —por ejemplo, un libro digital, una melodía o una película— la puedes reproducir tantas veces como sea necesario, sin pérdida de calidad, y compartirla con quien tú quieras; casi como si tuviera una varita mágica. Mas aún, podría ser el caso que pudieras acceder a la base de datos de tu banco y modificar el registro del saldo de tu cuenta bancaria, multiplicándolo por un millón, creando así millones de pesos de la nada. Pareciera entonces que el entorno digital no es adecuado para alojar valor, solamente para almacenar información.

Blockchain resuelve ese problema en dos sentidos clave: permite almacenar valor y permite las transacciones de valor de manera directa entre usuarios, sin la necesidad de intermediarios. Ello se lograr mediante una tecnología de encriptamiento y encadenado de información en bloques de modo que modificar un bloque sea una tarea muy, muy difícil de realizar y que requiera, además, modificar todos los bloques que se hayan encadenado después. Más aún, la cadena de bloques así generada se copia en muchos servidores en la red y las copias se mantienen públicas y sincronizadas, de modo que se convierte en un registro público y seguro de información inalterable, solamente acumulable; esto es, un registro de valores.

Cadena de bloques en Blockchain

Ejemplo de cadena de bloques en Blockchain

Consideremos el caso en el que lo que se guarda en las cadenas de bloques son los intercambios de dinero que tienes con otros miembros de tu comunidad (local, regional o regional, pues la tecnología digital así lo permite): el bloque #1 indica que recibiste 1000 pesos antier, el bloque #2 que gastaste 300 pesos ayer y el bloque #3 que recibiste 150 pesos hoy. Como esta información es prácticamente inalterable —en sí misma y además porque estaría vinculada a todos los demás bloques generados por transacciones en tu comunidad— si alguien quiere saber cuánto dinero tienes, bastará con consultar la cadena de bloques y hacer los cálculos para saber que tienes 850 pesos. Ni más ni menos. Si quisieras hacer trampa y multiplicar tus 850 pesos por un millón, tendrías que añadir un nuevo bloque en cada una de las copias de la cadena de bloques y modificar todos los bloques siguientes. Algo tremendamente difícil de realizar y más aún sin las credenciales correctas.

Otro caso sería el que quisieras pagar por un servicio a un proveedor; por ejemplo, si quisieras comprar una pizza. Actualmente, lo puedes hacer por Internet usando una tarjeta de crédito; pero hay un intermediario,  tu banco, que te da crédito, registra un cobro en tu tarjeta y deposita el mismo monto, menos comisión, en la cuenta del proveedor de servicio. Con Blockchain, el vendedor de las pizzas usaría una aplicación en su teléfono celular para, con autorización de tu parte, añadir un bloque a la cadena indicando que le pagaste 100 pesos por la pizza que te entregó, y a partir de ese momento tu tienes 100 pesos menos en tu cuenta y el tiene 100 pesos más: sin intermediarios ni comisiones de por medio.

En el ámbito de la educación, considera el caso de que la información en los bloques no es sobre dinero, sino sobre créditos por trabajo académico realizado por estudiantes en distintas instituciones. Esto es, el bloque #1 indica que un estudiante obtuvo 10 créditos en formación universitaria en la institución A (local), el bloque #2 indica que el mismo estudiante obtuvo otros 10 créditos en la institución B (extranjera, vía Internet), el bloque #3 que obtuvo 5 créditos por sus prácticas en la organización C, y a sí hasta llegar al caso en que el estudiante ha acumulado suficientes créditos —con sus condiciones de distribución y concentración— equivalentes a estudios de licenciatura. Entonces podría ir con una entidad certificadora en la comunidad, que verificaría la información en la cadena de bloques (inalterable y pública) y podría añadir en la cadena un bloque más, especificando que se le ha otorgado al estudiante un grado universitario. De hecho, la verificación de créditos podría ser realizado por un contrato inteligente, alojado en una cadena de bloques, que se dispararía automáticamente al cumplirse sus condiciones.

Así, Blockchain permite no sólo almacenar valor en el entorno digital, sino además eliminar la necesidad de intermediarios que sostengan el valor, validen las transacciones de valor y mantenga el registro de valores de cada persona —como bancos, empresas intermediarias e instituciones educativas— abriendo así las posibilidades de un cambio significativo en la manera de manejar lo que valoramos equivalente a lo que ha sido el cambio en la manera de manejar información en lo que va del siglo.

Pensamiento computacional y edición de textos

Es común considerar que el pensamiento computacional es propio de programadores y que solamente tiene sentido en el ámbito de la informática, específicamente en la actividad de desarrollo de software. Sin embargo, el pensamiento computacional aplica naturalmente a muchos otros aspectos de nuestra vida cuando ella transcurre en un entorno cada vez más digitalizado.

Como ejemplo de lo anterior, pongo a consideración el caso de la edición de textos en la computadora, una actividad por demás común en el ámbito educativo, donde tanto los docentes como los estudiantes tienen que producir una gran cantidad de texto; pero también de uso común en otras áreas —por ejemplo, las secretarías suelen pasar buena parte de su horario de trabajo redactando cartas, memos, reportes y otros documentos.

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Revolución de prosumidores – digital y no digital

La diferencia fundamental entre la Web clásica y la Web 2.0 es la facilidad para publicar (textos, imágenes, videos, juegos, etcétera). Para publicar en la Web clásica se requerían conocimientos técnicos para instalar y mantener un servidor, elaborar páginas con el lenguaje nativo de la Web (HTML) y programar aplicaciones. En cambio, publicar en la Web 2.0 es ahora tan sencillo como editar un documento en un procesador de texto, dibujar un diagrama o utilizar un teléfono celular.

El cambio fue gradual y no se puede hablar de una fecha en la que la Web clásica se volvió Web 2.0, pero las consecuencias se observan hoy con claridad. Entre ellas resalta la habilitación de muchos consumidores de contenidos web como productores-consumidores, dando lugar a la creación del término prosumidor. Observamos así una enorme cantidad de autores independientes (no asociados con una compañía dedicada a ello) que publican desde notas breves hasta libros completos, fotografías, pinturas, música, videos caseros y cortometrajes.

La Web 2.0 abrió un espacio mucho más ágil y flexible para la publicación de contenidos, pero no se quedó ahí: ese mismo espacio puede ser utilizado para la publicación y ofrecimiento de servicios de índole diversa, por individuos o pequeños grupos de no especialistas. Como ejemplo cabe mencionar la página en Facebook Valor por Tamaulipas, dedicada a proporcionar información de prevención y seguimiento de situaciones de riesgo en dicho estado.

No obstante, tales bondades son también origen de conflictos. La Web 2.0 es solamente la punta de un iceberg creado por las tecnologías de información y comunicación digitales: el llamado ciberespacio, donde la información fluye y se reproduce con precisión a velocidades nunca vistas. Un espacio que funciona de manera diferente al espacio físico en el que evolucionamos y que reta muchos de los esquemas que hemos construido para organizar nuestras vidas.

Entre los primeros afectados figuran las industrias de la información, la comunicación y el entretenimiento. Numerosos periódicos y revistas han tenido que adoptar la Web y aceptar, incluso promover, que sus notas sean compartidas en redes como Facebook. Otro ejemplo, presentado por Rodrigo González Reyes en el pasado Encuentro Nacional de Gestión Cultural, es el de redes sociales de jóvenes, en su mayoría mujeres, que comparten el gusto por la novela romántica juvenil y que, a falta de interés de las editoriales por traducir la amplia literatura en lengua inglesa en ese rubro y lo lento de sus procesos, la han tomado en sus manos con desempeño cuasiprofesional, para poder leer y compartir los libros que les gustan en su lengua materna. El ciberespacio se ha convertido en un gigantesco repositorio de contenido cultural (libros, canciones, películas) que se comparte gratuitamente o a muy bajo costo —de manera “ilegal”, según los esquemas arriba mencionados.

La proliferación de prosumidores —autores independientes que producen contenidos u ofertan servicios sin estar asociados a una empresa dedicada a ello— está asociada directamente con las facilidades que ofrece la Web 2.0 para que individuos con pocos conocimientos técnicos puedan publicar información y difundirla en diversos ámbitos, desde el local hasta el  global, a costos extremadamente bajos. Resulta natural entonces que la gran mayoría de los productos y servicios ofrecidos por prosumidores sean digitales: contenidos, información, herramientas y entornos digitales. Por ejemplo, un adolescente puede convertir una computadora en casa de buena capacidad en un servidor del juego de Minecraft y ponerlo a disposición de otros jugadores.

La abundancia de contenidos digitales generados por prosumidores, no controlados por las grandes compañías mediáticas, abre grandes oportunidades para empresas interesadas en integrarlos, organizarlos, facilitar su búsqueda y localización, y distribuirlos. Entre este tipo de empresas se encuentran SoundCloud, que se precia de ser “una plataforma de sonido social en la que cualquiera puede crear sonidos y compartirlos en todas partes”; YouTube, para publicar y compartir videos; WordPress, para compartir textos cortos, y Booktype, para producir y  compartir libros completos.

No obstante, el fenómeno excede ya las fronteras del ciberespacio y se extiende a prosumidores que hacen uso de la Web 2.0 para ofrecer servicios no digitales. Un ejemplo notable en este sentido, y de relevancia particular en el ámbito de la Zona Metropolitana de Guadalajara, es la empresa de transporte Uber, la cual habilita a cualquier persona con un auto en buenas condiciones a “convertirlo en una máquina de dinero” mediante la provisión del servicio de taxi sobre demanda en sus ratos libres, ofreciendo mejores condiciones de servicio a mejores precios.

Recientemente tuve oportunidad de asistir a una gran conferencia en Glasgow, Escocia. Me registré tarde y no encontré alojamiento en ninguno de los hoteles ni casas de huéspedes en la zona. Me comentaron entonces que buscara en Airbnb, una empresa que permite ofrecer en renta por Internet una habitación libre, un departamento desocupado por vacaciones, o algún otro inmueble en condiciones de ser ofrecido como alojamiento a terceros. Así lo hice y acabé alojado en una habitación de un departamento, a cinco minutos andando de la sede de la conferencia: la mejor ubicación y a menor precio.

Actualmente menos de la mitad de los habitantes de nuestro país hacen uso frecuente de Internet; pero su número sigue creciendo y con el paso del tiempo observaremos más y más prosumidores mexicanos ofreciendo productos y servicios, digitales y no digitales, a cualquiera que los necesite y cuente con un dispositivo conectado a la Internet. Una revolución de prosumidores trastocando los esquemas tradicionales de provisión y consumo.


Este texto fue publicado previamente en Diario NTR en dos partes, una el 27 de noviembre  de 2015 y la otra el 9 de diciembre del mismo año.

La innovación pendiente

Portada del libro

Panel y discusión colectiva
Universidad de Guadalajara

Resumen. Se analizará y discutirá el libro La innovación pendiente de Cristóbal Cobo (2016), cuya contraportada nos dice lo siguiente: “Hasta ahora los dispositivos han acaparado toda la atención, pero los verdaderos cambios en la enseñanza y el aprendizaje han sido invisibles. Con la intención de darles la visibilidad que merecen, el profesor e investigador Cristóbal Cobo nos invita a pensar en la educación desde una nueva óptica, una que plantea que la verdadera innovación está en explorar nuevas formas de valorar y reconocer el conocimiento, tanto dentro como fuera del aula. Dado que la tecnología forma parte integral de nuestras vidas, esta reflexión trasciende el contexto educativo y parte de la base de que todo espacio se convierte en un entorno de aprendizaje. Pero olvidémonos de encontrar fórmulas en este trabajo. Al contrario, el gran aporte del autor consiste en analizar los desafíos que presentan las tecnologías en la enseñanza y las redefiniciones de los conceptos saber y conocimiento en una sociedad que está en plena transformación”.


Viernes 4 de noviembre de 9:00 a 11:00Grabación

Avenida de la Paz 2453, Colonia Arcos Sur
44130 Guadalajara, Jalisco

Videoconferencia en línea a través de nuestro blog
Desde el IGCAAV