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El marco teórico

Puente hecho con piezas de Tinkertoy

Imagen tomada de Pinterest.

A lo largo de los estudios de posgrado se suele hacer énfasis en la importancia del marco teórico como el puente entre el problema —de investigación o intervención— y la metodología que se plantea para atenderlo, como la estructura en la cual se enmarca y sobre la cual se construye el proyecto. Sin embargo, observo que con frecuencia que la “teoría” en él se presenta como una lista relativamente larga de autores —según el esfuerzo que haya puesto el investigador o interventor en recolectarlos— con sus obras, sus ideas, sus opiniones e incluso, con cierta frecuencia, sus propias palabras —como cita textual, parafraseados o meramente copiadas y pegadas, de modo que aparentan ser propias.

En otras palabras, en vez de presentar un puente como el que se muestra arriba, en muchas ocasiones solamente se presenta una lista de piezas aisladas, vinculadas únicamente por la secuencialidad del texto, incapaces incluso en grupo de hacer la función que se espera del marco teórico. En esos casos, se deja al lector la función de observar las piezas, imaginar el puente, y transitar de un lado al otro pisando con cuidado para no caerse. En otras ocasiones incluso se usan los autores como escudos protectores ante cualquier crítica al trabajo realizado —o para aventarlos al lector, que al fin la mejor defensa es el ataque.

Imagen tomada de PicClick.

¿Qué hace falta para construir un puente a partir de estas piezas? Comenzar a establecer relaciones entre las distintas aportaciones de los autores revisados. Relaciones como similitudes, variaciones, diferencias, generalizaciones, especializaciones, antagonismos, inclusiones, intersecciones, integraciones…

Imgen tomada de Shabbos House.

Porque es solamente cuando empezamos a hacer nuestras construcciones propias, relacionando autores, trabajos, ideas, definiciones, teorías y otros elementos, que empezamos a dar forma a un marco teórico. Cuando identificamos una serie de relaciones que apuntan en una misma dirección y entonces descubrimos dimensiones de análisis, algunas paralelas, otras ortogonales y otras tangenciales; descubrimos convergencias y divergencias, grupos de propuestas teóricas más integrados que otros, paradigmas.

Imagen tomada de Pinterest.

De esa manera, la estructura que da soporte al proyecto comenzará a surgir y tomará la forma que le corresponde según el caso. Una construcción propia, un marco teórico con la estructura que le corresponde a nuestro proyecto.

Bibliografía

[1] W. R. Daros, “¿Qué es un marco teórico?”, Enfoques, vol. XIV, núm. 1 & 2, pp. 73–112, 2002.

[2] Wikipedia contributors,. “Tinkertoy”, en Wikipedia, The Free Encyclopedia. Recperado a las 03:11 GMT el 9 de diciembre, 2020. https://en.wikipedia.org/w/index.php?title=Tinkertoy&oldid=982061173

La educación en los tiempos de pandemia

Programa Aprende en Casa

La Secretaría de Educación Pública se preocupa porque los estudiantes de educación básica y media superior concluyan su ciclo escolar a pesar de la pandemia. Otros se preocupan por las calificaciones de los estudiantes, si van a bajar porque ni ellos ni sus profesores saben trabajar de una manera distinta, o van a subir porque todo mundo se va a copiar en los exámenes e incluso los padres van a ayudar a sus hijos a responderlos. Incluso a otros podría preocuparles si los estudiantes realmente están aprendiendo algo en sus cursos a distancia, considerando que con dificultad aprenden cuando tienen al profesor enfrente para explicarles.

¿Cuál es el mensaje que estamos enviando a las nuevas generaciones? En otras palabras, ¿cuál es la importancia de concluir un ciclo escolar, aprender todo lo programado y sacar buenas calificaciones, en tiempos de pandemia?

Ciertamente, a todos nos ganan las prisas. Hay que montar todo rápido: las fotocopias o el curso en Google Classroom; el cuarderno, la tableta o la laptop; producir contenidos y hacerlos disponibles; redefinir calendarios, establecer las guardias, organizar la manera de que los alumnos van a preguntar y los maestros van a responder; ver la manera de que los hijos se puedan conectar y bajar la información necesaria; armar los argumentos para defenderlos en caso de que no les vaya bien en este “otro modo” de enseñar, que no parece fácil. Todos estamos preocupados porque todo salga bien, a pesar de la pandemia.

La pandemia se convierte así en un estorbo, en algo que amenaza con echar por tierra nuestras planificaciones y con dejar claro que eso de la tecnología nada más sabemos usarlo para socializar y entretenernos. Sin embargo, cabe la posibilidad de hacer un alto en medio de la confusión y tratar de ver las cosas de otra manera. De ver a la pandemia como una oportunidad para reflexionar sobre lo que realmente importa que aprendan nuestros alumnos y nuestros hijos.

Un mensaje que se está transmitiendo a los jóvenes con este frenesí por hacer que la educación siga funcionando es que la educación es un fin en sí mismo, desconectado del mundo real. Hay algo muy grande que está sucediendo a nuestro alrededor, un fenómeno nunca visto tanto en su aspecto sanitario como social, político y mediático; pero no tiene nada que ver con la educación, que tiene que seguir su curso y los estudiantes tienen que aprender lo que tenían que aprender cuando no había pandemia, aunque lo que aprendan no les sirva para entender lo que está sucediendo a su alrededor.

¿Qué se puede hacer? Aprovechar la condición de pandemia para hacer promover aprendizajes significativos, poniéndola en el centro de la experiencia de aprendizaje. Desde entender qué es un virus, cómo funcionan y por qué unos nada más dan gripa y otros matan; entender por qué la enfermedad se propaga a gran velocidad, las estadísticas que se publican por todos lados y cómo se construyen los modelos que predicen lo que sucederá durante la semana; entender para qué sirve el tapabocas —si los virus son tan pequeños que pasan por sus agujeros con toda comodidad— y por qué se agotaron las cervezas en México y el papel de baño en Estados Unidos. Pasando por desarrollar autonomía en el aprendizaje, capacidad de usar de manera diferente las tecnologías digitales (cuando es el caso) y pensamiento crítico para distinguir la información confiable de la propaganda. Hasta aprender a convivir nuevamente en casa con los padres generalmente ausentes hoy en día, discutir los pros y los contras de cada estrategia de atención a la pandemia y desarrollar la conciencia social que tanta falta nos hace.

Modelos educativos alternativos

SIIE – Modelos educativos alternativos

Perspectivas del uso de innovaciones en la Educación Superior: análisis y propuesta en la UAM.
Eduardo Abel Peñalosa Castro

Ivan Illich: cincuenta años después.
Rafael Morales Gamboa, María Elena Chan Núñez y Carmen Coronado Gallardo

Resumen.

Zettelkasten

Archivo de notas de Luhmann

Zettelkasen (archivo de notas o fichero) es el nombre que se le ha dado al método seguido por Niklas Luhmann para organizar sus ideas y estar en condiciones de sintetizarlas en una gran diversidad de obras escritas. Básicamente, se trata de una metodología de toma de notas, su almacenamiento y gestión, que le permitía a Luhmann encontrar —más que buscar— sus ideas en contexto y poder desarrollar así sus pensamientos y sus argumentos.

Más recientemente, Sönke Ahrens ha desarrollado más a fondo la metodología de Luhmann en su libro How to Take Smart Notes con base en lo que identifico como dos principios:

  • Lo que no está “escrito” —expresado de alguna manera— y no puede hacerse público, no existe en el ámbito académico.
  • La construcción de nuevo conocimiento se da entonces sobre la base de representar (escribir), lo cual no se limita al proceso final de publicar libros, capítulos de libro, artículos y ponencias, sino que implica la representación constante de conocimiento en la forma de notas —algo que yo había observado previamente, de cierta manera, y expresaba cuando decía que para poder escribir la tesis había que hacer muchas publicaciones intermedias.

Se propone entonces la construcción de un fichero (slip-box o zettelkasten), a manera de memoria externa, hipervinculada, como soporte central del proceso de investigación, y enfocar éste en la escritura como mecanismo central. Lo cual no implica que se dejen de realizar otras actividades, como leer, sino que todo lo que se haga tenga como objetivo la construcción de conocimiento, la cual solamente se logra mediante su representación (escrita) y su vinculación con lo previamente construido.

Desde esta perspectiva, la toma de notas no tiene sentido si no conduce a la elaboración de textos (representaciones) contextualizados que contengan ideas claras y suficientemente elaboradas para comprenderse en sí mismas y con base en su contexto —esto es, sin depender de nuestros recuerdos del lugar, el momento y la situación que llevó a producirlas.

Para la organización de las notas, Sören —y, supongo, Luhmann, de alguna manera— propone cuatro “ficheros” separados para almacenar cuatro tipos diferentes de notas:

  • Nota de lectura, asociada a la lectura de un documento (o más, vía hipervínculos), alojada en un gestor de referencias como Zotero o Mendeley, y permanente.
  • Nota de proyecto, asociada a un proyecto y alojada en el espacio correspondiente al mismo. Pueden ser permanentes, pero generalmente no son útiles más allá del contexto del proyecto.
  • Nota temporal, realizada en el momento para captar una idea o información que pudiera ayudar a crearla posteriormente. No es permanente.
  • Nota permanente, alojada en el archivo de notas y vinculada, suficientemente explicativa y susceptible de mejora.

Toda la metodología se aboca a la creación del archivo de notas permanentes (zettelkasten). Las notas de lectura ayudan a construir notas permanentes y les dan soporte. Las notas de proyecto se traducen en notas permanentes o son archivadas junto con el proyecto. Las notas temporales están ahí para mantener ideas vivas en tanto se trasladan a notas permanentes, como una suerte de memoria temporal. No tiene sentido subrayar o resaltar un segmento de un documento si no va a contribuir en el corto plazo (unos pocos días) a la construcción de una nota de lectura, la cual a su vez debería contribuir, también en el corto plazo, a una nota permanente. Tampoco tiene sentido mantener notas temporales y de proyecto por tiempo indefinido.

Consecuentemente, una ventaja inmediata de la metodología propuesta es que no se dejan notas sueltas por todos lados —en el subrayado o resaltado de documentos o en los márgenes de los mismos, en el cuaderno, en la ficha bibliográfica, en la aplicación de notas— sino que todo acaba integrándose en un solo lugar: el archivo de notas permanentes con su gestor de referencias.

Como se comentó previamente, entre los gestores de referencias disponibles actualmente en el mercado, se recomienda el uso de Zotero o Mendeley, que además son gratuitos —el primero, además, de código abierto. Para el archivo de notas permanentes, se recomienda usar Nuclino (más amigable) o RoamResearch (más enfocado en la metodología), que operan en línea y son accesibles desde dispositivos diversos.

Referencias

Ahrens, S. (2017). How to Take Smart Notes: One Simple Technique to Boost Writing, Learning and Thinking – for Students, Academics and Nonfiction Book Writers. CreateSpace Independent Publishing Platform.

Créditos

Imagen cortesía de Wikipedia.