El pasado domingo tuve la oportunidad de asistir a una reunión (sí, en domingo) en la cual se cuestionó la pertinencia de la investigación que se realiza al interior de una red de investigadores para atender los problemas que enfrenta el consorcio que conforman las universidades a las que pertenecen. Nada nuevo en esto, antes una práctica trillada en cualquier universidad que cuente con un grupo de investigadores: no que el trabajo que realicen los investigadores no sea pertinente para atender los problemas de la universidad, sino que sean cuestionados por ello.

Mi defensa en la reunión consistió en afirmar que la distancia que había del investigador a quien necesitara de su ayuda era la misma que la distancia que existía de la persona que tenía el problema al investigador que podría ayudarla. Esto es, que no es un problema exclusivo del investigador, sino ante todo un problema que debe resolverse más arriba en la jerarquía, por la dirección de la institución, gestionando el encuentro de las dos partes. Posteriormente, vino a mi mente la ponencia de Jordi Planas en nuestro Seminario Permanente en la que cuestiono que fuera siquiera posible que la educación tuviera como objetivo la formación para el trabajo porque, argumentó, la lógica educativa y la lógica laboral son demasiado diferentes. Me parece que con un poco de esfuerzo sería posible demostrar, de manera análoga, que no es posible que la investigación tenga como objetivo resolver los problemas de la universidad, porque la lógica de la investigación y la lógica de la universidad son también demasiado diferentes. En particular, los tiempos de la investigación y de las demás funciones de la universidad no son los mismo, y el impacto de la primera sobre las segundas, con frecuencia indirecto, es perceptible muchas veces solamente en el largo plazo.

Lo anterior no significa que no se pueda hacer investigación aplicada que atienda a los problemas de una universidad, sino que la investigación en su conjunto no puede estar acotada a atender ni exclusiva ni principalmente los problemas de la universidad en tanto que el interés por estos problemas no surja de manera natural (o adecuadamente inducida, que no forzada, por la dirección) en los investigadores.