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De la administración a la BUROCRACIA

Mafalda y Burocracia

Fuente de la imagen: Mafalda 7 (1972), por Quino.

Cuando era estudiante de posgrado en el Reino Unido, hace casi veinte años, tuve la fortuna de participar en varias conferencias en otros países, para lo cual conté con apoyo de parte de mi universidad. El procedimiento era entonces muy sencillo: solicitar el apoyo incluyendo la información relevante (ej. carta de aceptación, artículo a publicar) , recibir el dinero y hacer uso del mismo para los fines solicitados.

Hace casi diez años participé en un proyecto europeo-latinoamericano y asistí a varias reuniones del proyecto en varios países. El dinero del lado latinoamericano era administrado por la Universidad de Chile y el procedimiento para hacer uso del mismo era bastante sencillo: los boletos de avión eran pagados por la Universidad de Chile y al llegar a la ciudad donde iba a tener lugar la reunión me decían algo así como “su estancia va a ser por tantos días y  como la cuota diaria es de tanto le toca tanto, ¿está de acuerdo? firme aquí, tenga su dinero” y listo. Lo mismo aplicaba tanto para los investigadores chilenos como los investigadores extranjeros.

Finalmente, esta semana tuve la oportunidad de realizar una visita a Tegucigalpa, Honduras para participar en un evento organizado por la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH). Al otro día —porque venía agripado y lo que quería era dormir para recuperarme— me dieron un cheque y me dijeron “tanto es para su hospedaje y tanto de estipendio” y “requerimos la factura de su hospedaje, pero de lo demás no es necesario”. No perdí entonces si el trámite era el mismo para académicos de la universidad cuando salían a eventos en el país y en el extranjero y me respondieron que sí, que la universidad compra los boletos para el transporte y les da dinero para el hospedaje y un estipendio; a cambio, los académicos tiene que traer el recibo/factura del hospedaje y firmar por el estipendio. ¡Y listo!

En mi universidad, en mi México lindo y querido, hoy en día las cosas son muy diferentes: hay que firmar la solicitud, juntar dinero para el viaje, reunir facturas de todo y guardar los recibos correspondientes (porque se le presume culpable de uso indebido del erario público por el consumo de bebidas alcohólicas, a menos que demuestre lo contrario), hacer oficios para justificar los recibos faltantes y esperar a que llegue el dinero…. Pero el trámite no acaba ahí, porque las facturas pueden tener errores de centavos por el redondeo, incluir impuestos que no son cubiertos por la universidad o no incluir información importante como el método de pago; además, los oficios que se envían para justificar cualquier recibo faltante tiene que ser aceptado por instancias superiores, lo cual puede tardar varios días, semanas o meses.

Por supuesto, actualmente las facturas ya no se recogen en papel, sino que se envían y reciben en formato electrónico; pero se imprimen y es necesario poner firma, nombres, apellidos y fecha en cada una de ellas, igual que hace veinte años.

Me pregunto entonces, ¿qué sucede en mi institución que, en vez de ir para adelante vamos para atrás? Una manera de interpretarlo sería pensar que la imagen de los académicos ha caído tan bajo, hemos cometido tantas bajezas, que hemos dejado de ser gentes de fiar (si alguna vez lo fuimos) y solamente tenemos las condiciones que merecemos. Otra manera de interpretarlo es que la administración universitaria, consciente de que realiza la función primordial de la universidad, subconscientemente justifica su abultada existencia amontonando reglas, procedimientos y firmas, llenando archiveros, cajas y almacenes, para exhibirla como evidencia clara de la gran labor que realiza. Una última interpretación que se me ocurre es que el terror producido por el tsunami digital lleva a nuestra burocracia universitaria a buscar maneras de dejar claro que lo único que se logra con la tecnología digital es engordar y bajar la velocidad lo que ya de por sí era obeso y letárgico.

Nuevos trabajos, nuevos perfiles, ¿nuevos maestros?

Teresa Margarita Rodríguez Jiménez
CGTI, UDG

Resumen. Ante los cambios fuertes y constantes de la tecnología, la Universidad  es muy lenta e incapaz de ponerse al día, la demanda de nuevos perfiles y nuevos trabajos es avasalladora ante la base académica no actualizada.

Ante este panorama las empresas enarbolaron el papel de desarrolladoras de cursos y contenidos aprovechando la oportunidad para colonizar a los estudiantes, mas la sociedad responde con la creación de comunidades mediante las cuales se capacitan y apoyan unos a otros.

No es ciencia ficción: es una realidad. ¿Cuál es, en este contexto, el nuevo rol del profesor? ¿Dónde?

 

Video disponible en la página de la nota


Viernes 2 de marzo de 10:00 a 12:00
Sala B

Avenida de la Paz 2453, Colonia Arcos Sur
44130 Guadalajara, Jalisco

Videoconferencia en línea a través de nuestro blog
Desde el IGCAAV

El valor social del Patrimonio Cultural a través de las tecnologías digitales

FreemanCristina Garduño Freeman
Deakin University (Melbourne, Australia)

Reseña. La Dra. Cristina Garduño Freeman es originaria de la Ciudad de México, de padre mexicano, pero ha residido en Australia desde su infancia. Es profesora investigadora de la Escuela de Arquitectura y Ambiente Construido y coordinadora de la Licenciatura en Diseño (Arquitectura) de la Universidad Deakin en Melbourne, Australia. Sus líneas de investigación se encuentran en la intersección del patrimonio cultural, la arquitectura, los métodos visuales y creativos y los entornos virtuales.

En 2014 obtuvo el Premio a la Tesis Sobresaliente por la Asociación Internacional de Sociología Visual, para ser publicada en 2016 como monografía por la editorial Routledge bajo el título “Cultura Participativa y Valor Social de un Icono Arquitectónico: La Casa de la Ópera de Sídney”. Sus investigaciones han sido publicadas en revistas indizadas como Historic Environment (2016), Architectural Theory Review (2013), International Journal of Heritage Studies (2010), etc.

Ha sido beneficiaria también de distintas becas individuales y colectivas de investigación y de colaboración con la industria. Es doctora por la Universidad Tecnológica de Sídney, donde también cursó las licenciaturas en Arquitectura y en Artes. Cuenta también con una licenciatura en Diseño por la Universidad de Nueva Gales del Sur. Es miembro de ICOMOS Australia y antes de dedicarse a la academia fue diseñadora interdisciplinaria independiente durante 10 años.


Viernes 1 de julio de 9:00 a 11:00
Avenida de la Paz 2453, Colonia Arcos Sur
44130 Guadalajara, Jalisco

Videoconferencia en línea a través de nuestro blog
Desde el IGCAAV

Pertinencia de la investigación

El pasado domingo tuve la oportunidad de asistir a una reunión (sí, en domingo) en la cual se cuestionó la pertinencia de la investigación que se realiza al interior de una red de investigadores para atender los problemas que enfrenta el consorcio que conforman las universidades a las que pertenecen. Nada nuevo en esto, antes una práctica trillada en cualquier universidad que cuente con un grupo de investigadores: no que el trabajo que realicen los investigadores no sea pertinente para atender los problemas de la universidad, sino que sean cuestionados por ello.

Mi defensa en la reunión consistió en afirmar que la distancia que había del investigador a quien necesitara de su ayuda era la misma que la distancia que existía de la persona que tenía el problema al investigador que podría ayudarla. Esto es, que no es un problema exclusivo del investigador, sino ante todo un problema que debe resolverse más arriba en la jerarquía, por la dirección de la institución, gestionando el encuentro de las dos partes. Posteriormente, vino a mi mente la ponencia de Jordi Planas en nuestro Seminario Permanente en la que cuestiono que fuera siquiera posible que la educación tuviera como objetivo la formación para el trabajo porque, argumentó, la lógica educativa y la lógica laboral son demasiado diferentes. Me parece que con un poco de esfuerzo sería posible demostrar, de manera análoga, que no es posible que la investigación tenga como objetivo resolver los problemas de la universidad, porque la lógica de la investigación y la lógica de la universidad son también demasiado diferentes. En particular, los tiempos de la investigación y de las demás funciones de la universidad no son los mismo, y el impacto de la primera sobre las segundas, con frecuencia indirecto, es perceptible muchas veces solamente en el largo plazo.

Lo anterior no significa que no se pueda hacer investigación aplicada que atienda a los problemas de una universidad, sino que la investigación en su conjunto no puede estar acotada a atender ni exclusiva ni principalmente los problemas de la universidad en tanto que el interés por estos problemas no surja de manera natural (o adecuadamente inducida, que no forzada, por la dirección) en los investigadores.

Burocracia universitaria

Imagínese usted por un momento que trabaja en una universidad pública estatal, tiene usted un proyecto de investigación con financiamiento externo que incluye presupuesto para compra de equipo de cómputo y a usted se le ocurre la bendita idea de que le hace falta, digamos, una memoria USB. Actualmente uno encuentra fácilmente memorias de 16 y 32 Gbytes en cualquier tienda de cómputo o papelería y le cuesta alrededor de quinientos pesos; pero ¿qué tiene que hacer para comprarla? Aquí le van los pasos:

  1. Conseguir la autorización de su jefe inmediato (por escrito, formato memorando numerado, con firma y todo).
  2. Enviar un correo electrónico a quien corresponda, solicitando la compra.
  3. La persona del otro lado del cable, del área de compras, solicita el visto bueno de la dirección administrativa (con firma sobre el memo anterior).
  4. Autorizada la compra, dicha persona solicita la confirmación de existencia de recursos al área de finanzas.
  5. Si hay recursos para la compra, el área de compras solicita la cotización del artículo a distintos proveedores (usted puede sugerir algunos).
  6. Reunido el número suficiente de cotizaciones, se escoge la mejor opción y el área de compras le envía a usted la requisición de compra para que usted y su jefe inmediato la firmen (llevamos dos documentos y cuatro firmas, sin contar las cotizaciones, que son por lo menos tres).
  7. Usted regresa la requisición firmada al área de compras, donde se recolectan las firmas faltantes (así es, todavía faltan más firmas, mínimo una).
  8. El área de compras solicita al proveedor seleccionado que haga llegar el artículo al área de almacén.
  9. Almacén da la entrada al artículo (documento y firma de por medio) y le hace llegar el articulo y solicita que usted firme de recibido (otro documento y firma de por medio).
  10. El área de compras tramita el pago (documento y firmas de recibido de por medio), el resguardo del artículo (otro documento y firma correspondiente) y realiza la comprobación de la compra (un documento y una firma más), dando por terminado el proceso.
Concluido el proceso (eche a volar su imaginación y calcule el número de días de por medio) usted tiene finalmente la memoria USB en sus manos, pero ¿a qué precio? ¿Cuántas horas/hombre, electricidad y toner, por lo menos, no se han invertido en el proceso? Seguramente hay mejores formas de invertir el escaso presupuesto universitario y las horas de su personal.